Muchos padres dudan sobre el momento adecuado para la primera cita. Adelantarla es la mejor forma de prevenir y de que el niño se familiarice sin miedo.
Lo recomendable es acudir alrededor del primer año de vida o cuando asoma el primer diente, aunque no haya ningún problema aparente. Estas primeras visitas sirven para revisar el desarrollo, resolver dudas de los padres y establecer una rutina de cuidado desde el principio. Cuanto antes se normaliza el dentista, más fácil resulta después, y así los niños crecen con una sonrisa sana y sin temor a la consulta.